Sobre arcos, flechas y desapegos (por Angie Ferrero)

Por admin_feliz | 5 de octubre 2015
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escalera

Me dijeron que escribiera algo sobre el desapego para este bonito espacio virtual. Felizmente no me desapegué de la idea. De hecho, le di muchas vueltas al tema durante los últimos días. Hoy decidí escribir, sin saber hacia dónde, o hasta cuándo, porque justamente ese proceso incierto es coherente con lo que significa para mí el desapego: soltar el resultado.

Pareciera que el desapego está de moda, felizmente. Sobre todo a los de nuestra generación, se nos va de las manos, lamentablemente. Tengo 30 y meto en este grupo a todos los que, sin importer edad, se identifican con un ego que se desinfla exponencialmente al descubrir una y otra vez que no es omnipotente y que muy poco es lo que puede controlar de la vida. Por eso, para hablar del desapego hay que comenzar aceptando que vivimos en un mundo impredescible en donde poco a tal vez nada es lo que se puede controlar, anticipar, planificar o proyectar. Si eres parte de esta generación que intenta controlas menos y respirar más, bienvenido a mi mundo y mi manera de abordar un tema que está comenzando a influir muchas de nuestras decisiones.

Cuando pienso en desapego imagino un arco, una flecha y un arquero muy prolijo, meticuloso y cuidadoso que lleva años de práctica en el oficio de la arquería. Me imagino cómo apunta la flecha, acomoda el ojo, dobla el codo, sube el brazo, se alista y suelta. Una y otra vez, flechas volando por el aire, quién sabe para caer en dónde. Hay una intención clara como punto de partida. El resultado, por más intención y destreza del que lanza la flecha, siempre estará influenciada por algún factor sorpresa. Algunos lo llaman destino. Otros, suerte. Para mí es simplemente la manera perfecta en la que tienen que ocurrir las cosas (la suposición de que las cosas pueden haber salido de otra manera es siempre una pérdida de tiempo: una tortura imaginada).

A veces confundimos el desapego con la flojera por intentar. Camuflamos nuestra tenacidad y determinación bajo la terrible excusa de que si algo no fluye es porque no corresponde. Cambiamos de trabajo muy rápido. Rompemos con nuestra pareja por un simple no sé por qué. Bailamos felices entre paraísos de opciones. Nos quedamos en lo superficial de los procesos. Nos aterra el aburrimiento. Evadimos la profundidad. Creemos que la sorpresa está sólo en la novedad y olvidamos que está en nuestros ojos. Es ahí cuando el desapego se convierte en un arma de doble filo. La línea entre soltar y tirar la toalla es muy delgada.

Efectivamente, es poco probable que nuestros caprichos o sueños sin piso sucedan. Lo que vale la pena toma esfuerzo el 99% de los casos. Hay sus chiripazos. Uno que otro se saca la tinka. Sin embargo, para la mayoría, es necesario construir los sueños que desde la raíz hasta la punta de las ramas. Un sueño puede ser algo tan napoleónico como ser presidente de la república o tan delicado como cuidar una planta. El camino del ensayo-y-error que realmente enseña tiene en cada esquina al desapego como desvío perfecto para seducirte a no seguir intentando. Y así, de repente, el presidente decide mochilear por el mundo, la planta se marchita, y el mundo se queda sin un buen líder y con menos oxígeno.

Si uno suelta su voluntad, se suelta a sí mismo y la magia nunca ocurre. Para conseguir, hay que apuntar claro, levantarse mil veces, tener paciencia y confiar en uno mismo. No es ninguna fórmula tan secreta como la de la Coca-Cola. A veces la terquedad enraízada en buenas causas no es una mala cualidad. Creo que es peor el falso discurso de pasar la vida fluyendo, fluyendo, fluyendo sin lanzar ninguna flecha de verdad. Ese discurso suena para muchos a pura adrenalina y espontaneidad. Para mí, es vivir amarrado a un gran cinturón de seguridad. Si uno nunca se compromete con algo, uno nunca sufre y uno nunca aprende.

De los caprichos y deseos sí creo que es muy saludable desapegarse. Es muy sano observarnos como niños que no queremos soltar ciertas cosas porque no nos da la gana. Y si no nos da la gana, está bien, pero seamos valientes y honestos para reconocerlo. Un buen ejercicio está en limpiar el closet y comenzar a regalar ropa, carteras, zapatos, libros o cosas que te gustan y no necesitas. Hazlo. Suelta algo que te gusta de lo que podrías precindir fácilmente. Es la mejor imagen que encuentro para hacer una analogía al desapego saludable. Ese mismo vínculo a los objetos lo tenemos con personas, recuerdos, hábitos o creencias que sabemos que no necesitamos y guardamos de puro capricho. Hay que soltar lo que está de más para dejar espacio vacío. Del vacío nace lo nuevo. Hay que aceptar que hay personas, recuerdos u objetos que no queremos soltar. Finalmente, somos seres humanos y muchos de nuestros apegos son válidos porque tienen una carga emocional importante para nosotros.

A veces toca soltar a las personas. ¿Es desapego olvidar o entender que no todos debemos ser parte de la vida de todos para siempre? ¿Es perdonar? Creo que consiste en dejar de tener expectativas (ojo que no he dicho tener bajas expectativas porque es muy triste esperar lo peor de las personas para no desilusionarse). Personalmente, prefiero hacer el esfuerzo por desprogramar mi manera anticipada de leer a las personas optando por verlas, como diría Forest Gump, como cajas de chocolates en las que nunca sabes qué te va a tocar. El maravilloso beneficio de la duda como brújula para conocer a gente. Dejemos de enmarcar y enmarcarnos y veamos qué pasa. No somos la Mona Lisa. Cambiamos a cada segundo y nuestros límites van más allá de dos planos horizontales y dos verticales. Somos tridimensionales y esos perfiles a través de los que intentamos definirnos y vendernos al mundo en las redes sociales son retratos muy ingratos de nuestra humanidad. Apenas nos conocemos a nosotros mismos (y mira que hemos pasado toda nuestra vida con nosotros) y de repente ¿creemos tener la capacidad de leer a los demás? Ja.

Creo que nuestro problema está en pasear por la vida con el marco de un cuadro vacío frente a la cara. A través de ese marco miramos la vida. Si encaja, nos alegramos. Si no encaja, nos frustramos. Así sucede con los proyectos, las personas y con nosotros mismos. Vivir el desapego para mí es romper el marco en pedacitos y convertirlo en polvo y burbujas. Es necesario soltar las expectativas para ser feliz con lo que llega a tu vida. Si ni siquiera tenemos control sobre nuestras propias reacciones, entonces dejemos de una vez por todas de imaginar y anticiparnos. La vida no es nada aburrida. No sé por qué optamos siempre por imaginar antes de observar.

Hay que apuntar flechas con todo el amor y la voluntad del mundo sabiendo que cuando salen de nuestras manos ya no nos pertenecen. Una idea que compartes, ya no es exclusivamente tuya. Nuestros hijos le pertenecen al mundo. Nuestras relaciones le pertenecen al mundo. Nuestros sueños, también. Y ese mundo está regido por muchas leyes, coincidencias, hechos y tiempos que se nos escapan de las manos. Para mí, la ecuación está en tener intenciones claras, el corazón abierto, mucha fuerza de voluntad, unas cuantas toneladas de sentido del humor y la capacidad de ver.

¿Ver qué?
Lo que se aprende.

Creo que el desapego nunca debería estar en el punto inicial y siempre en el punto de llegada. Hay que hacer las cosas bien porque no existe otra manera de hacer las cosas que con amor. No existe más razón que esa. Y luego de eso, es muy útil reprogramarse para poder extraer cada gota de aprendizaje que hay detrás de los resultados.

Dije: des| pro | gra | mar | se …

Hay dos extremos entre los que nos han criado: éxito y fracaso. Tenemos una frente que busca y busca estrellitas. Disculpen por la palabra (y que no sea en español), pero no encuentro otra más precisa: bulshit. Todo es tan relativo. Mientras más lejano es el resultado de la expectativa, más se crece y más se aprende. Estamos aquí para aprender y para sorprendernos. Hay que celebrar lo bonito y llorar lo no tan bonito. Todo sería muy aburrido si lo que queremos saliera como lo imaginamos. Nos encanta vivir la adrenalina de las películas de Hollywood pero pedimos que nuestras vidas se desecadenen en la-la-lands y que las personas actúen como calculadas recetas de repostería. Si fuse así,¿qué anécdotas le contaríamos algún día a nuestros sobrinos o nuestros nietos? ¿De qué nos reiríamos en los almuerzos familiares o con los amigos? La vida no es un libro que ya está escrito, felizmente. Y pongo negritas el felizmente porque nunca hay que dejar de decir gracias mientras limpiamos el closet. La gratitud es la mejor herramienta para soltar.

Directora de la Escuela Bikram Yoga
https://www.facebook.com/bikramperu

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4 Responses to “Sobre arcos, flechas y desapegos (por Angie Ferrero)”

  1. sarah dice:

    namaste.

  2. Carlos seminario dice:

    Hola Angie,
    Te felicito por el artículo.
    Efectivamente nos cuesta mucho desprendernos de muchas cosas, pero la vida nos enseña a hacerlo, pero también a valorar experiencias que en cada sociedad se ven como muy pasajeras y todo lo que uno valora…..cuesta mucho.
    Un abrazo

  3. Hernán dice:

    Justo lo que necesitaba leer!
    Buena flecha mi estimada arquera!
    Libertad de compartir… de soltar… de luchar por tus sueños… de amar!
    Gracias por compartir tu pensar y sentir..

  4. Franco Lopez dice:

    Perdonen la expresión, pero que buen articulo carajo! Espero que vengan más!

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