CINCO NOVELAS BREVES PARA DISFRUTAR AL SOL

Por Lorena Salmón | 25 de enero 2016
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Una lista de “libros refrescantes para un verano hipercaluroso”, me propone Lorena. Sabiendo que la premisa es bastante subjetiva y que finalmente cada lector escogerá siempre lo que le provoque, dejo esta vez de lado novelones, poemarios, cualquier forma de ensayo y cuentarios, y decido recomendar solo novelas cortas. Ojalá no me haya salido mucho del encargo y que lo breve resulte también refrescante, aunque acepto las discrepancias. En fin, sin olvidar que toda lista es una arbitrariedad, les propongo algunas recomendaciones casi al azar para disfrutar bajo el sol y en posición horizontal.

  • La cena, de Herman Koch. Este bestseller holandés cuenta una historia absorbente y perturbadora. En el marco de una comida en apariencia intrascendente, se irán revelando las verdades más inquietantes de dos hermanos, dos matrimonios, dos hijos. Hace suyo el inicio de Ana Karenina: “Todas las familias felices se parecen entre sí, pero las infelices lo son cada una a su manera.
  • Los afectos, de Rodrigo Hasbún. Si aún no han leído a Hasbún, les llegó la hora. En esta, su más reciente novela, narra la odisea de un clan de aventureros alemanes que, en los convulsos años cincuenta del siglo pasado, se adentran en las profundidades de la selva boliviana en busca de la ciudad perdida de Paitití. Basada en hechos reales, se trata de una saga febril, de una novela familiar, de un bello relato del desarraigo y la locura.
  • Que nadie se mueva, de Denis Johnson. Un policial con carretera, sexo y delirio marida muy bien con el ánimo distendido. Y mejor si sale del cerebro de Johnson, uno de los mejores narradores estadounidenses. Una fantasía pulp tras los pasos de Jimmy Luntz, un pícaro que le debe plata a las personas equivocadas, se lleva a la chica maldita, el Cadillac, la escopeta y…
  • Juliana los mira, de Evelio Rosero. La primera novela de Evelio Rosero, reeditada 30 años después, es todo un hallazgo: un monólogo hipnótico, subyugante, por parte de una niña de diez años que descubre su propia forma de amar a la vez que le toca ser testigo de las miserias de los adultos que la rodean.
  • Desayuno en Tiffany’s, de Truman Capote. En el subgrupo “clásicos breves” hay mucho para escoger, pero dado el propósito de este listín, me animo por este libro perfecto, de esos que se releen con gusto: a buen ritmo y sin mayores distracciones uno puede (debe, quiere) dejarse enamorar por Holly Golightly —si gusta, poniéndole el rostro de Audrey Hepburn—desde la mañana y hasta que se ponga el sol. Será la más entrañable erisipela.

 

 

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